“Hay una cosa que toda fotografía debe tener, la humanidad del momento”, Robert Frank

Robert Frank nació en Suiza, en el seno de una poderosa familia judía que lo perdió todo en Segunda Guerra Mundial. Vivió a salvo durante los primeros años del conflicto, pero con la llegada del nazismo al poder la seguridad abandonó su vida. Tras un año deambulando por el viejo continente, decide en 1947 emprender el viaje a los Estados Unidos de América.

Con su primer libro “40 fotos” bajo el brazo y las enseñanzas de artistas como Michael Wolgensinger, Victor Baberat y Hermann Segsser a su espalda, abandona una Europa destruida con el objetivo de alcanzar el sueño americano. Tuvo la suerte de encontrar en su camino a Alexey Brodovitch, para quien comenzó a trabajar en la prestigiosa revista de moda Harper’s Baazar. Fue él quien le animó a abandonar la clásica Rolleiflex bifocal de medio formato con la que había dado sus primeros pasos en el mundo de la fotografía, en aras de una moderna Leica III que le permitía fotografiar utilizando una sola mano.

Robert Frank
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Una vez se consolida como fotógrafo profesional, recorre Brasil, Cuba, Panamá y Perú. Posteriormente es animado a solicitar la Beca Guggenheim, como ya habían hecho otros fotógrafos de la talla de Dorothea Lange. Cuando le es concedida, adquiere un Ford Business Couple de segunda mano e inicia la aventura de recorrer los rincones de Norteamérica para retratar el pueblo estadounidense en la época de la posguerra.

Tras dos años de aventura, más de 10.000 millas, casi 800 carretes y alrededor de 27.000 imágenes, Robert Frank regresa a casa con un tesoro en la maleta. Con la ayuda del fotoperiodista Walker Evans y la financiación de la Fundación John Simon Guggenheim, en 1958 publica el libro “The Americans”, su gran obra maestra. El prólogo contiene la prosa del gran Jack Kerouac, que define al fotógrafo de esta forma: “Robert Frank, suizo, discreto, amable, con esa pequeña cámara que levanta y dispara con una mano; es capaz de extraer el triste poema de América, haciéndose un hueco entre los poetas trágicos del mundo“.

Robert Frank
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Contra todo pronóstico, “The Americans” cae en el más absoluto fracaso. Este trabajo de calidad excepcional es duramente criticado incluso por los profesionales, que tachan a Robert Frank de “antiamericano” y “antifotógrafo“. La revista Practical Photography, por ejemplo, define su obra como “un emborronamiento sin sentido”.

Tras este duro revés, el fotógrafo decide refugiarse en el cine. En 1972 dirige “The cocksucker blues”, un documental que recoge la gira de Rolling Stones y muestra las fiestas de alcohol, drogas y sexo colectivo de las que disfrutaban los miembros del grupo musical. Finalmente es demandado y regresa de nuevo a la fotografía. El sufrimiento continúa con la separación de su mujer, la muerte de su hija en un accidente aéreo de Guatemala y el ingreso de su hijo en un hospital psiquiátrico por esquizofrenia, quien finalmente recurriría al suicidio.

Robert Frank
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No obstante, el reconocimiento se hizo esperar, pero finalmente llegó a la vida de Robert Frank. En el año 2008 reeditó “The Americans”, con una aceptación increíble del público. Este trabajo, que plasma el día a día de la sociedad americana, de aquellos que se quedaron sin nada tras la Gran Guerra, de los inmigrantes y de personas anónimas de a pie; recibió por fin el reconocimiento que se merece. 83 fotografías con desencuadres, composiciones imposibles, un consciente mal control de la luz… un trabajo realizado con el objetivo de que el espectador forme parte de ese proceso de comprensión.

A “Pull my Daisy” y “Me and my brother” le siguieron otros veintiún cortometrajes hasta 2009 que le llevaron a ser considerado padrino del cine independiente por directores como Jim Jarmusch y Richard Linklater. Ha llevado a cabo otros importantes proyectos fotográficos, entre los que destaca “Lines of my hand” y su obra ha sido expuesta en distintas salas alrededor del mundo. En la actualidad es considerado el fotógrafo más influyente del siglo XX y a sus noventa y dos años continúa enamorado de su cámara fotográfica.

Esther de Vicente
Estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Amante de la vida y sus momentos. Me encanta la fotografía, el mundo de la moda, y por encima de todo viajar. Siempre con ganas de conocer lo desconocido.

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