La mujer en el ejército americano está desprotegida de sus agresores.

Ser mujer en el ejército no es fácil y eso es lo que quieren retratar muchos fotógrafos. Si estar en el ejército ya puede llegar a ser algo traumático, que tus compañeros traicionen tu confianza y te agredan es algo de lo que cuesta mucho recuperarse. Más aún cuando esos mismos compañeros son los que deben velar por tu seguridad en combate y junto a quienes te juegas la vida día tras día.

Eso es lo que les ocurre a muchas mujeres que deciden alistarse en el ejército. En una situación de superioridad de rango o de sensación de poder sobre sus compañeras, los hombres (que son, recordemos, colegas de profesión y, en algún caso, amigos de las víctimas) deciden atacar como depredadores sobre su presa. La mayoría de mujeres acaba con depresión por el comportamiento machista de sus compañeros, las agresiones que reciben y la reacción del ejército y la sociedad americana. Los efectos del llamado MST (Military Sexual Trauma) son, entre otros, dependencia del alcohol o las drogas y tendencia al suicidio.

Mujer que fue agredida en el ejército

MARY F. CALVERT

La mayoría de mujeres que abandonan el ejército acaban viviendo en la calle o en una situación de exclusión y mendicidad. Es el sector de personas sin hogar que más ha crecido en Estados Unidos. La probabilidad de que una mujer ex militar acabe viviendo en la calle es cuatro veces superior que en hombres. Y aquellas que consiguen llevar una vida media, siguen teniendo heridas emocionales por el trauma causado.

Esta es una situación desconocida para muchos, pues el ejército americano suele tender a esconder las agresiones sexuales. Dañar la imagen de los americanos que luchan por su país no es una opción. Y la situación de estas mujeres que tienen que aguantar, no solo la traición de sus compañeros o superiores, la agresión sexual y violación de su integridad física sino el silencio que se ven obligadas a aguantar. La sensación de que todo el mundo te da la espalda y que aquella institución que debería protegerte te hace sentir que no vales nada. A veces es casi peor.

Una mujer duerme en su coche

MARIE F. COLVERT

Algunos son los fotógrafos que, conocedores de este problema, decidieron poner rostro y nombre a algunas de las víctimas. Las series de fotografías que recogen las historias de varias valientes mujeres que decidieron que su carrera profesional se desarrollaría en un ámbito tradicionalmente masculino tiene también un mensaje desesperanzador. El ejército americano es una institución en el que los hombres parecen haber decidido tener el poder. Como consecuencia de ello están las violaciones, agresiones y vejaciones verbales que reciben muchas mujeres y que no tienen castigo a no ser que sea un caso «muy claro» y que sea imposible de esconder o justificar.

El Ejército americano esconde a toda costa las acusaciones. En el caso de Jeanne Marie Carodeau, por ejemplo, no contentos con esconder la verdad y negar cualquier ataque, fue enviada tras sus violaciones a un centro de salud mental en el que también fue agredida sexualmente. Es una de las muchas historias que cuenta Pietro Chelli con ‘G.I. Jane’s other war’ en la que se recogen instantáneas en color de estas mujeres y sus historias.

Mujer violada cuenta su historia en la pancarta

MARIE F. COLVERT

Con la exposición del concurso WorldPress 2016 que actualmente se expone en el COAM  encontramos también una serie de imágenes realmente impactantes sobre la mujer en el ejército americano. Mary F. Calvert fotografía situaciones normales en la vida de estas mujeres que han sido agredidas. La mayoría de las historias tienen un punto en común: han sido silenciadas durante mucho tiempo.

Sin embargo, lo que más impacta de la exposición es que cada fotografía viene acompañada de toda la historia que hay detrás de esta. Individualizando el tema de las violaciones en el ejército americano, F. Calvert consigue que todas ellas puedan hablarle  al mundo entero sin miedo.

Lo peor es que en algunos casos son ellas mismas las que no se atreven a hablar hasta que otra compañera es agredida. En otros casos hablan pero sus superiores hacen caso omiso. Algunas acaban en suicidio, como el caso de Carrie Goodwin. Estas imágenes son desoladoras, y las historias que en ellas se esconden son de lucha continua y sufrimiento.

Con estas instantáneas sus voces se escuchan un poco más alto y sus historias pueden servir para cambiar las cosas. Que el resto de mujeres que se encuentren en una situación similar puedan tener el valor para plantar cara a sus agresores.

Ana Pareja
Estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual. Llevo escribiendo historias desde que era pequeña y considero que no hay mejor narración que una buena fotografía.

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