Dicen que un fotograma vale siempre más que mil palabras

Cine y fotografía siempre han sido dos artes hermanadas que buscan retratar la realidad a través de un objetivo. Ambas van de la mano, han crecido juntas y se han ido perfeccionando la una a la otra con los años. Hay gente que no duda en meter en el mismo saco a una y otra, puesto que en ambos casos se trata de conseguir captar, a través de la cámara, la belleza externa. El cine no deja de ser 24 fotogramas por segundo. Cada fotograma es una fotografía que, unida a los demás, da movimiento a la imagen.

No es de extrañar, por tanto, que aun hoy en día se influyan mutuamente: el cuidado del encuadre, la luz, el color y las figuras a retratar son algunos de los elementos que han de cuidarse en ambos casos. Si detenemos una película en ciertos momentos no podemos evitar pensar que el fotograma que estamos visualizando en ese momento podría perfectamente haberse sacado de una exposición fotográfica. Y es que algunos directores cuidan todos sus planos hasta el último detalle, dejándonos imágenes espectaculares que se recuerdan incluso más que la trama de la película.

‘Gran Hotel Budapest’

Es lo que ocurre, por ejemplo, con directores como Wes Anderson, que mantiene durante sus películas una línea de color que llama especialmente la atención por los contrastes que hace y llena sus filmes con planos impresionantes que te dejan pensando cuánto tiempo se puede haber invertido en realizar un plano como ese. Como fotograma destacable está éste de la película ‘Gran Hotel Budapest’ (Wes Anderson, 2014) en el que el color rosa cobra protagonismo absoluto, por encima casi de los personajes que en ella encontramos. Se muestra con claridad la importancia que se da al color en la película, apostando de hecho por una gama muy viva con rojos, morados, rosas y azules (algo atípico) con lo que se pretende dar un toque de humor y una llamada de atención al espectador.

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Wes Anderson


‘El Resplandor’

Otro ejemplo de que cuando se cuida a fondo lo que haces se consigue una auténtica obra de arte es ‘El Resplandor’ (Stanley Kubrik, 1980), película basada en una novela del conocido Stephen King, en la que se utilizaron novedosas técnicas de grabación que permitieron tomar planos más bajos de lo normal o realizar secuencias en movimiento (con la estabilidad que da una Steady-cam) con travellings a lo largo del ya famoso pasillo del filme. En este fotograma, Kubrik juega con la perspectiva a través de los dibujos hexagonales del suelo, la posición de la cámara (más baja de lo normal) y la figura principal retratada exactamente en el centro del cuadro.

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Stanley Kubrik


‘La Naranja Mecánica’

En otra muestra del interesante trabajo de Kubrik también encontramos el juego con contraste de luces y sombras de ‘La Naranja Mecánica’ (Kubrik, 1971), que nos lleva sin darnos cuenta a “temer” lo que vemos. La sombra en las figuras, que impide que veamos lo que se aproxima y a la vez nos enseñe claramente que algo peligroso viene a nosotros, dota de misterio a una imagen tenebrosa que concuerda con la temática del filme.

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Stanley Kubrik


‘Ciudadano Kane’

Si seguimos hablamos de planos novedosos en el mundo del cine, está claro que hay que hablar de ‘Ciudadano Kane’ (Orson Welles, 1946) y el plano contrapicado que más quebraderos de cabeza pudo dar, pues se trata de la primera vez en la que se ve el techo en una película cinematográfica. Se cuenta que para conseguir este plano lo que hizo fue excavar un tramo del estudio donde se rodaba la película para meter en el agujero la cámara. La meticulosidad de Welles y la visión innovadora (tan necesaria siempre para los artistas que se encuentren tras las cámaras) nos dejan, fotograma a fotograma, auténticas obras de arte.

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Orson Welles


‘Reservoir Dogs’

Y, si de arte tras las cámaras seguimos hablando, es necesario mencionar a maestros como Quentin Tarantino, que se ha convertido ya en uno de los referentes cinematográficos gracias a sus obras. Aunque existen infinidad de fragmentos de los que se podría hablar en la filmografía de Tarantino, existe un tipo de plano muy característico del director: un contrapicado – casi nadir – , dentro del maletero de un coche en la que prácticamente lo único que se puede ver es la figura que abre el maletero y el cielo. Es un plano muy subjetivo en el que cobra poder el sujeto que abre el maletero, una composición que Tarantino ha empleado en muchas ocasiones y que siempre sorprende por su sencillez y su belleza como en este fotograma de ‘Reservoir Dogs’ (Quentin Tarantino).

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Quentin Tarantino


‘Star Wars’

Por último, y aunque queden en el tintero muchísimas más instantáneas dentro del cine, es necesario comentar el fotograma de ‘Star Wars: Una Nueva Esperanza’ (George Lucas, 1977). Es un perfecto ejemplo de que el color y la luz de una composición como esta tienen una importancia primordial: colores cálidos y la luz que se encuentra cuando el sol está cayendo (de dos soles en un punto distinto del atardecer). La falta de luz y el color dan una sensación desasosiego que, unido a la música que suena en ese momento, te transmite la perfecta sensación de desasosiego que el momento requiere.

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George Lucas


Lo que queda claro es que detrás de una fotografía encontramos un gran trabajo.  Lo que convierte una película en una obra de arte es el resultado final de sus planos. Por eso, en muchos casos, cada fotograma se convierte en una fotografía aparte -con sentido propio y belleza estética – que hay que saber apreciar.

Pero, por supuesto, quedan muchos más  ¿Se os ocurre algún otro fotograma destacable?

Ana Pareja
Estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual. Llevo escribiendo historias desde que era pequeña y considero que no hay mejor narración que una buena fotografía.

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