Carlos Traspaderne y la arquitectura brutalista como nunca antes la habías visto

Si bien ya hablamos de la perfecta unión de fotografía y arquitectura de la mano de los maestros Hilla y Bernd Becher, hoy nos acercamos a un nuevo término que nos introduce en la magia y la belleza de los grandes edificios. Hoy hablamos de Carlos Traspaderne y la “fotografía brutalista”.

Hemos hablado con Carlos Traspaderne para profundizar en sus últimos proyectos: “Brutalismus”, dónde ha recorrido parte de Europa fotografiando edificios famosos y desconocidos de grandes y pequeñas ciudades, “Adriana en sitios”, el proyecto en el que una figura femenina, Adriana, se convierte en su musa y en la contraposición a las grandes masas de hormigón, y su último trabajo, “Riberia”, dónde se acerca a la fotografía de paisaje a orillas del Ebro, y del que acaba de publicar su primer libro.

Caseta de feria

Riberia por Carlos Traspaderne

¿Cómo te iniciaste en el mundo de la fotografía?

La verdad es que empecé de un modo muy típico. De pequeño, mi padre me dejaba usar su Canon A1 cuando íbamos de viaje, así que cuando me empecé a interesar por la historia del arte, le pedía prestada la cámara para nuestras excursiones. A fuerza de insistir en el préstamo, supongo que se sintió forzado a regalármela. Y hasta ahora.

¿Cuál es la influencia de la fotografía histórica en tus proyectos?

Pues muy intensa, sin duda. El conocimiento de la historia del medio, de la mano de maestros como Jesús Rocandio o Eduardo Momeñe, me ha proporcionado una perspectiva que es fundamental a la hora de enfrentarme a mis proyectos. Por ejemplo, un trabajo como Riberia, tan enfocado en lo documental, ni me lo hubiera planteado sin conocer antes a los New Topographics, Walker Evans, Atget y, ya remontándonos al origen, al siglo XIX. Porque en un cierto momento te das cuenta de que todo ya está inventado en el diecinueve y a partir de ahí son variaciones. Normalmente, a peor.

¿Por qué fotografía en analógico? ¿Qué importancia tiene este formato en tus trabajos?

Para mí es lo natural, viniendo de mis inicios fotográficos. A ello se van sumando unas capas de nostalgia y, sobre todo, de rigor y responsabilidad. Porque lo mejor de la fotografía analógica, aparte de la típica retahíla técnica de la calidad de los tonos, etc, es que te obliga a pensar un poco antes de hacer clic. No es algo automático e irracional; antes de cada fotografía estás obligado a un estudio detallado de la relación de luces y sombras, profundidad de campo o enfoque, cosas que normalmente te vienen dadas en el digital. Cada disparo se convierte en un acto en sí mismo, en una liturgia. Hasta llegar el caso de que, después de tenerlo todo medido y calculado… ni siquiera disparas porque algo te parece que no encaja. Dime cuándo haces eso con una cámara digital. 

Y ya si usas una Hasselblad 500 C/M, el nivel de exigencia se multiplica, casi tanto como la calidad. Además, se introduce una nueva variable: el formato cuadrado. Porque normalmente la fotografía tiene un formato rectangular, ya sea horizontal o vertical. Una reminiscencia de la pintura: desde el Renacimiento vemos el mundo a través de una ventana, y las composiciones han jugado con reglas adaptadas a ese formato. Por contra, el formato cuadrado es singularmente fotográfico; no hay cuadros así. Tiene sus propias reglas, bastante menos matemáticas, más diáfanas. Sabes que le va bien la centralidad y la simetría, que las relaciones de escala son fundamentales, pero el resto de factores son muy difíciles de sistematizar. Cuando miras por el visor, simplemente sabes si se han presentado o no. No sé, es un juego misterioso, la verdad.

Uno de tus últimos proyectos se llama Brutalismus, en el que fotografías grandes edificios. ¿Qué se entiende por arquitectura brutalista?

Cuando escuchamos por primera vez el término “brutalismo”, todos sentimos un lógico rechazo. Luego te explican que proviene del término francés béton brut u hormigón crudo, aunque sin duda los inventores del palabro jugaron a la confusión. Fue un movimiento que nació hacia los años cincuenta del siglo pasado, reivindicando el uso de materiales tal cual eran, sin alterarlos. Con sinceridad, como les gusta decir a los arquitectos. Para los brutalistas, el hormigón era el material perfecto: barato, maleable y duradero. Y hasta los años setenta nos dejaron una gran cantidad de edificios, cada vez con una escala más impresionante. Se pueden encontrar por todo el mundo, en casi todas las ciudades, con toques regionales y personales que los diferencian. Luego cae en crisis, junto a unos valores de la modernidad utópica que reivindicaba una vida mejor para los ciudadanos. Se estigmatizan por su escala inhumana y por problemas sociales derivados de un planteamiento bastante esquemático de la vida de las personas: trabajar, consumir, descansar. No ha sido hasta fechas recientes que se ha vuelto a reivindicar, a medias por un cierto sentimiento nostálgico por su optimismo, y como valor gráfico por su presencia imperativa.

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

¿Qué es lo más importante a tener en cuenta a la hora de fotografiar grandes edificios?

Desde mi experiencia, buscar una perspectiva nueva a lo que ha sido retratado muchas veces, sin perderse en la imagen por la imagen. Me explico: normalmente estos edificios han sido fotografiados con un sentido utilitario, desde una mirada arquitectónica. Explicación de espacios, planos puestos en alzada, etc. Desde lo fotográfico, poco alentador. Por el otro lado, está la mirada fotográfica que se pierde en los detalles y busca simplemente el recurso gráfico para componer una imagen, sin prestar más atención al propio edificio, que se convierte en un motivo intercambiable. Así que intento colocarme en un peligroso término medio, que posiblemente no contente ni a unos ni a otros. Mi camino, en definitiva. Aislado, como el propio edificio, que intento desprender de su contexto. Eso le da un aire atemporal; mis fotografías podrían estar hechas en cualquier momento. No hay cosa que más odie que se cuelan coches, carteles o grafitis —los puñeteros grafitis— en mis imágenes, porque de repente delatan que la fotografía está hecha en la actualidad; es como si se desvelara el truco de magia. Y eso que me encanta cómo quedan los coches en las fotografías clásicas de arquitectura. Contradictorio, ¿verdad?

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Brutalismus por Carlos Traspaderne

Tanto en Brutalismus como en Adriana en sitios, tus dos últimos proyectos, retratas edificios pero con distintas perspectivas. ¿Cómo surge la idea de realizar ambos proyectos?

Ambos nacieron a la vez de forma muy natural. Empecé a interesarme por la arquitectura brutalista, hice alguna excursión urbana buscando esos edificios y, como me acompañaba mi amada y paciente Adriana, me pareció buena idea retratarla con esos fondos. Y claro, su belleza contrastaba a la perfección con la contundencia de los edificios. Había potencia en esas primeras imágenes y tiramos del hilo.

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

¿Qué papel juega una figura femenina como Adriana en contraste con los grandes edificios de hormigón?

Adriana es el contrapunto ideal, con su belleza inocente y serena. Figura y contexto se retan entre ellos, resaltándose mutuamente. No me gusta nada cuando se plantea la presencia de Adriana como la escala humana de los edificios. Mis fotografías pretenden ser verdaderos retratos, pero en una vertiente doble, de carne y de cemento. Como si los edificios fueran la expresión de lo que ronda por la cabeza de Adriana. Es lo bueno del retrato, que el espectador intenta desentrañar lo que la persona que aparece en la imagen siente o piensa, sacando sus propias conclusiones, casi siempre equivocadas pero que son una expresión de sus propios sentimientos. En realidad, este género es un espejo, pero no del retratado, sino del que está mirando.

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

Has viajado por Europa a través de sus edificios, pero si tuvieras que quedarte con uno de ellos que realmente te fascinó, ¿cuál sería y por qué?

Pues con el que empezó la serie: Torres Blancas. Siempre me ha parecido un edificio impresionante, pero todo empezó antes de coger un autobús en Avenida de América. Era un día de verano de esos terribles de Madrid, así que cuando había caído el sol, me acerqué a la obra de Sáenz de Oiza. Había una luz maravillosa, pesada y suave a la vez. Tiré un par de fotos con la Hassel, y al revelarlas me sorprendió cómo se había impresionado el relieve del cemento y cómo parecían despegar los platillos del remate.

Lo maravilloso de este edificio es que cada vez que vas te ofrece una cara nueva, es infinito. Después de mirar muchas publicaciones sobre la arquitectura brutalista llegas a la conclusión de que es completamente único, incluso a nivel mundial. No existe nada construido que se le pueda comparar. 

Por cierto, sería estupendo poder hacer una serie de Adriana en ese interior sesentero con el escay rojo y en la piscina de la azotea. Si alguien nos puede dar acceso, se lo agradeceríamos infinitamente, porque aquello parece Fort Knox. Somos muy rápidos, limpios y silenciosos, no damos ninguna guerra.

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

Adriana en sitios por Carlos Traspaderne

De forma paralela, acabas de publicar tu primer libro sobre la serie Riberia. En ella, haces referencia más al paisaje, a la particular forma de vivir a orillas del Ebro. ¿Dónde reside la belleza de este lugar? ¿Qué es lo que tratas de simbolizar con este trabajo?

Creo que reside en ser una expresión muy humana de relacionarse con el mundo. Cómo el ribero transforma su paisaje particular para adaptarlo a su manera de ser, me parece un proceso interesantísimo. Crea una arquitectura efímera con los materiales que tiene más a mano, una arquitectura conveniente y utilitaria, sin concesiones a la estética. Una ciudad alternativa que desaparece con cada crecida del padre Ebro. Mi intención al hacer la serie es evidenciar algo que existe pero que tendemos a ignorar cuando apreciamos un paisaje; traer a primer plano algo que descartamos automáticamente: la huella humana. Y de repente te tropiezas con verdadero arte popular, del bueno, del que no pretende serlo. Esa posibilidad de revelación de cosas que nos pasan inadvertidas es una de las grandes virtudes de la fotografía. Luego solo hay que plantar la cámara con la distancia adecuada y las concesiones justas: ahí está la clave.

Riberia por Carlos Traspaderne

Riberia por Carlos Traspaderne

Estoy muy contento de cómo ha quedado la serie, después de cuatro años de búsqueda y exploración. Un proceso intenso que ha quedado reflejado en un libro precioso que ha tenido a bien publicar Aloha Editorial. Una edición numerada y firmada, para más señas, que se hace eco de los libros de viajes del siglo XIX, con su mapa y todo. Porque este es territorio ignoto, por lo menos en la vertiente que he fotografiado.

Riberia  por Carlos Traspaderne

Riberia por Carlos Traspaderne

Riberia por Carlos Traspaderne

Riberia por Carlos Traspaderne

¿Tienes algún proyecto fotográfico nuevo para el futuro?

Pues de momento, no; seguiré con los frentes que tengo abiertos. Pero para mí todo es cuestión de obsesión, que en mi caso es virtud y vicio a la vez. Me obsesiono con un tema e indago en él hasta que doy con el núcleo. Y entonces la serie surge sola, con su narración, forma de expresión y demás. Ya solo es cuestión de ir y disparar la foto, ¡aunque para eso tengas que presentarte en Bratislava!

Riberia por Carlos Traspaderne

Riberia por Carlos Traspaderne

Riberia por Carlos Traspaderne

Riberia por Carlos Traspaderne

Paz Peño
Estudiante de Comunicación Audiovisual y apasionada de la fotografía, el cine y la música. Coleccionista de grandes momentos.

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